Subir hasta Machu Picchu desde Cuzco es una experiencia que difícilmente se olvida, especialmente si se recorre el Camino Inca; una experiencia que te hace vivir una aventura en la que el desafío a las propias fuerzas es el protagonista, debiendo el aventurero lidiar con la altitud y los imprevistos naturales que acompañan a esta ruta. Todo esto queda compensado con creces cuando se disfruta de lugares como Ollantaytambo o Chinchero, lugares enmarcados en un entorno natural que convierten la subida a Machu Picchu en una experiencia única que recomendamos se haga, al menos, una vez en la vida.

Sin embargo, para quienes ya no están para esos trotes o, simplemente, quieren disfrutar de la aventura de una forma más cómoda y romántica, la subida a Machu Picchu también es posible mediante el tren, un medio de transporte lleno de encantos que permite al viajero disfrutar de los paisajes naturales e indómitos que se nos muestran entre Cuzco y Aguascalientes (el pueblecito sobre el que se eleva Machu Picchu y a cuya estación llega el tren con destino a esta Maravilla del Mundo), contemplando las variaciones de paisajes de una forma relajada y pausada, acompañando casi todo el trayecto el impetuoso río Urubamba, río que perfila los agrestes paisajes por los que discurre la vía férrea y que podemos contemplar desde el propio Machu Picchu al fondo de los impresionantes cañones que este río y la impetuosidad de la placa de Nazca han ido formando durante millones de años. Realmente la subida a Machu Picchu en tren cuenta con unos encantos propios que pueden convertirlo en un trayecto mucho más encantador que la subida a pie siguiendo el Camino Inca.

Hasta ahora, la subida a Machu Picchu en tren, desde el año 1999, era gestionada en régimen de monopolio por PeruRail, una empresa perteneciente al consorcio Orient-Express que ofrecía sus servicios con un cuadro de tarifas encuadradas en las categorías “Backpacker”, “Vistadome”, “Hiram Bingham” y “Andean Explorer”, categorías que ofrecían más o menos servicios según la tarifa pagada, siendo la más barata de ellas la “Backpacker” (unos $100). Sin embargo, a partir del 19 de septiembre finaliza dicho monopolio, ya que se ha abierto por el gobierno peruano la gestión de la vía férrea que realiza el trayecto que nos ocupa a dos nuevas empresas: Andean Railways e Inca Rail, las cuales, de capital peruano, sin duda, dinamizarán la gestión de esta línea férrea especialmente turística ofreciendo más servicios a los viajeros y, desde luego, mejores precios.

Efectivamente, parece que definitivamente finaliza el monopolio de PeruRail; monopolio que, como tal, era objeto de numerosas críticas por el poco esmero en el cuidado de uno de los recursos económicos más importantes de Perú: el turismo. Altos precios, retrasos, mala conservación de los trenes y vagones son algunos ejemplos a los que conduce indefectiblemente un monopolio y que, sin variación, confluían en la gestión por PeruRail de la línea ferroviaria desde Cuzco a Aguascalientes, los cuales se pretenden eliminar con la apertura a la competencia de dicha línea férrea, una apertura que, no obstante, ya estaba prevista desde 1999 cuando se firmó el acuerdo de concesión a PeruRail.

10 años, por tanto, se ha tardado en abrir a la competencia la gestión de esta vía férrea, puerta de entrada Machu Picchu, uno de los tesoros turísticos de Perú, por no decir el más importante. OSITRAN, el organismo estatal peruano encargado de velar por la gestión de las infraestructuras, justifica esta demora y la achaca a “las mismas complejidades del contrato de concesión, así como al cumplimiento de las condiciones de acceso”, unas explicaciones que pueden ajustarse a la realidad, pero que no esconden el que durante 10 años se haya dejado de lado el interés turístico y la riqueza que ese sector supone para Perú, dañando la imagen del país y del más importante de sus monumentos.

¿Cuántas veces hemos visto en Sudamérica países que constituían una verdadera promesa de futuro y cuántas veces hemos visto fracasar esa promesa? Golpes de Estado, cambios políticos sin sentido, empecinamientos personalistas de líderes “salvapatrias” e iluminados; todas ellas circunstancias que una y otra vez han dado al traste con las ilusiones de pueblos golpeados por la miseria y el sin sentido de sus líderes políticos. Y es que a nadie escapa que Brasil es un claro ejemplo de lo que decimos: un país con un crecimiento espectacular en los últimos años que, sin embargo, sigue presentando unas bolsas de miseria brutales que no participan en absoluto de ese crecimiento económico, algo que sitúa al país en el filo de la navaja y que podría ser determinante, de no solucionarse, de convulsiones políticas en el futuro.

Corrupción, violencia, la miseria de las favelas junto a la obscenidad de la ostentación por parte de los cada vez más ricos y poderosos en Brasil, la contaminación de las playas más emblemáticas de Río de Janeiro, un tráfico caótico, unos servicios públicos más que mejorables. Nada de eso es la mejor carta de presentación para organizar unos Juegos Olímpicos y, sin embargo, Río de Janeiro ha sido elegida para organizar los Juegos de 2016. En tal caso podríamos hablar de un cheque en blanco que ha concedido el COI a la capital brasileña, un cheque en blanco que, desde luego, pretende rentabilizar al máximo el organismo olímpico a la vuelta de los Juegos Olímpicos de ese año, ya que, como todos sabemos, el COI no es una entidad de beneficencia, sino que podemos equipararlo a una verdadera multinacional en la que, lo primero, es el beneficio económico al margen de otras consideraciones. Esto se relaciona con lo que ocurrió en los pasados Juegos de Pekín, en los que el respeto a los Derechos Humanos por el gigante chino ocupaba un lugar más que secundario para el COI.

Afortunadamente, el próximo día 19 de septiembre se abre la competencia, por lo que esperamos que mejore sustancialmente la gestión de la subida a Machu Picchu, tanto en servicios como, desde luego, en precios. Algo que redundará en la imagen internacional del país y de su monumento más conocido en el Mundo. En todo caso, de lo que estamos seguros es de que la subida a Machu Picchu en tren seguirá conservando la magia y el romanticismo de siempre, una experiencia que te recomendamos y que evoca a los grandes viajeros en busca de aventuras y experiencias inolvidables. La verdad, toda una experiencia que no te puedes perder.